Después de una larga semana volvía a pasear por las calles de Madrid, calles desoladas y tristes que nunca se habían encontrado así. Pero hay momentos que se quedan grabados en la memoria para siempre. Momentos en que el mundo se derrumba ante nuestros pies. Y lo más doloroso es cuando las razones son extrañas, absurdas y tan terriblemente duras. Lo que ocurrió el 11 de marzo fue una atrocidad. No sabía como podría superarlo, ese día cambio mi vida por completo. Cuando volví a pisar aquellas vías de tren parecía como si todo hubiera sido ayer, como si nunca me hubiera despertado y hubiera leído aquellas noticias en el televisor. El 11 de marzo siempre guardaría el nombre de las 193 personas que murieron en manos de aquellas personas en nombre de una religión. Nunca más volvería a coger el tren para ir a mi trabajo, pensaba. Pero mis pensamientos se vieron interrumpidos al observar como las pocas personas que se encontraban allí observaban unas letras escritas en rojo a lo larg...