Primer día de clase de 1957, Colegio de Jesuitas. Teníamos 12 años y mis compañeros y yo estábamos expectantes a la espera de conocer a un niño nuevo. Cuando entramos en el aula ya estaba allí. Un niño muy tímido, callado, con mejillas sonrojadas y piel blanquecina, efectivamente era el nuevo. La casualidad hizo que me sentara a su lado, en el pupitre. Ya en la hora del recreo estábamos juntos. Sentados en uno de los bancos del colegio, le hablé sin parar, mientras él escuchaba y a ratos sonreía. Esa mismo día, Doña Marta, que empezaba siempre el curso así de trabajadora, para nuestra desgracia, nos explicó un trabajo: Leyendas del Mundo. Por parejas, con nuestros compañero de al lado. Marcelo pareció más entusiasmado que yo. Pero yo tuve la idea: elegimos la leyenda del Gallo de Morón. Doña Marta aceptó nuestra propuesta: “Un modo de que el nuevo supiera un poco más de historia de su municipio actual” -añadió. Quedamos esa misma tarde. Fui a su encuentro y le preparé una peq...