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Mostrando las entradas etiquetadas como elena mesa

LEY DE VAGOS Y MALEANTES. UNA COPLA DE MANUEL MOLINA CON HISTORIA

Sobrino Marcelo: Dicen que el pasado es historia, y es verdad. Aún sigo acordándome de él. Estoy fuera, sin embargo, ya de su vida. En un silencio que hace daño. Corrían tiempos muy difíciles. Aún siento rencor por la situación de esta España franquista, en la que vivimos oprimidos por falta de libertad. Estaba enamorado, completamente enamorado de alguien con quien jamás podría ser yo. Alguien a quien nunca podría decirle en público << te quiero >>. Todos sus sentimientos quedaron ocultos en coplas. Coplas en las que no paraba de mencionar ese amor no correspondido y que la censura no era capaz de entender. ¿Por qué no te casas niño? dicen por los callejones. Yo estoy compuesto y sin novia porque tengo mis razones.  Miguel no era feliz en España por lo que se vio obligado a marchar a Argentina y posteriormente a México. Intentó rehacer su vida, aunque para mí, era algo imposible. “Olvida el pasado, no volverás a verlo”, me decía para intentar c...

EN VIETNAM IGUAL QUE EN SARAJEVO

No hay mejor persona que conozca a Marcelo que yo, Joaquín Oise Ríos, su abuelo. Para un niño era muy complicado dejar de lado su niñez, su entusiasmo por jugar. Su vida se debería basar en sueños. Aunque todavía no tuviera propósitos que cumplir. Todo despertaba interés en él. Porque en la vida, ¿quién sabe qué es lo bueno y qué lo perjudicial? Mi hijo Antonio, el padre de mi nieto preferido, murió pronto. Ese hecho apartó su niñez como un viento arranca las hojas de un árbol. Pero ese hecho tan doloroso, lo unió a él para siempre. En sus pasos, yo veo los pasos de mi hijo. Los dos son hombres de palabra, ejemplares, humildes. Y eso hacía mi nieto en 1992. Inspirado por Sartre y las noticias que venían a cuenta gotas de Bosnia, creyó a pie juntillas que un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo a cada momento. Así lo entendió mi querido nieto. Aunque era joven, se dedicó a transmitir esperanzas a Sarajevo. Su única arma era la palabra. Y como bien decía Sartr...