12 de marzo de 1945 Querido diario: Hoy casi ha sido un día normal de oficina y papeleo, cómo siempre. Siempre sentada en esa incómoda silla que me mata lenta y dolorosamente la espalda día tras día. Pero hoy entró un hombre de unos 35 años aproximadamente, con manos callosas (supongo de ser artesano o de trabajar en el campo) y aspecto cansado, pero con un deje de felicidad en su mirada. Algo nada común en estos años en los que vivimos y en el que todavía se nota el hambre en las caras. En fin, el señor, se acercó a la ventanilla donde me encontraba y preguntó con voz serena: -“¿Es aquí el registro civil?” A lo que yo le respondí con un gesto monótono. Nada nuevo, cada día vienen cientos de personas así. Pero ese hombre no era como todos los que habían pasado por aquí antes, traía consigo un periódico bajo el brazo y una especie de cincel en la solapa de su bolsillo. – ...