Ir al contenido principal

LA MIRADA Y EL OÍDO DEL SERENO


Todo ocurrió un sábado, cuando Marcelo Oise Valencia necesitó mi servicio como sereno. Era tarde, su madre dormía y no quería molestarla. Camino de su casa lo notaba demasiado tranquilo para haber perdido sus llaves, y cuando entré en su casa me sorprendió la oscuridad de aquel misterioso hogar, las fotos tan antiguas de las paredes..., algo significaban, pero a mí se me escapaba. “Una casa es el lugar donde uno es esperado”, digo al entrar, con cierto tono de tristeza.
En ese instante supe que Marcelo necesitaba un oído dispuesto a escuchar, y eso hice.
Aunque tímido, soltó unos ápices de sus sentimientos en aquella fría noche. Hizo alusión a la muerte de su padre, un hecho que marcó un antes y un después en su vida, “nunca volví a ser el mismo”, añadió con pesadumbre.
Al terminar la conversación se despidió pronunciando una frase de la que no me he podido olvidar: “Hay veces en las que tu propio hogar se convierte en una cárcel”
Cuando iba avanzando por la calle escuché que alguien me llamaba, era Marcelo, tenía un detalle por mis servicios, aunque creo más bien que fue por mi oído.
Nota del Editor: Foto a la que alude el sereno. Por lo que hemos podido averiguar,
aproximadamente, se trata de una imagen de 1969,  en esa época se encontraban en Morón los últimos serenos.



Al principio no me percaté, pero al alba, cuando volvía de mi última ronda, descubrí en el anverso de la foto algo escrito de su puño y letra: “El infierno cabe en una palabra: soledad”
A veces recuerdo su mirada, en sus ojos supe que era prisionero de su propia vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

RECUERDOS DE LA EXPO ´92: YO SOY OTROS

Aún recuerdo cuando un pobre niño, que se encuentra ahora frente al ordenador escribiendo este relato, a la edad de seis años, agarrado de la mano de su hermano menor de tres, acudían a casa de Marcelo como de costumbre, en busca de un simple trozo de pan con chocolate y un vaso de leche de vaca recién ordeñada. Marcelo Oise era un hombre serio, tranquilo, pero con un corazón que, ¡para qué mentir!, no le cabía en el pecho. Siempre fue un tipo bastante contradictorio en cuanto a su forma de pensar y actuar. Recuerdo en 1992 cuando Marcelo leyó un artículo en mi presencia sobre la nueva inauguración de la Expo en Sevilla, lo leía como si no fuera con él. Como el que lee una crónica cualquiera, sin interés ni pasión. Pero en su mirada, aparecía el misterio, la ironía y la picardía que lo caracterizaba. Así era él. Había recortado la noticia del boicot que se produjo el día de la inauguración de la Expo, el mismo 20 de abril. Y no era para menos, él fue el único español d...

MARCELO EN EL GAZPACHO ANDALUZ 2017

Nota del editor : Destacamos una noticia sobre el Festival Flamenco de Morón de la Frontera en la que se nombra a Marcelo Oise Valencia. Se trata de una entrevista a la artista local María Sevillano.  -¿Me permites hacerte una pregunta más personal?                 Claro que sí, la que tú quieras.                  -¿ Qué es lo que más te sorprendió de esa noche mágica?                 Sinceramente no te lo vas a creer, pero lo que más llamó mi atención fue cuando baje del escenario, mi familia me contó que un hombre, mientras yo tocaba, miraba un punto fijo y recitaba una poema ¿ Y qué decía el poema ? Me lo sé de memoria, porque tuve la oportunidad que me lo recitara en privado. Es este:              ...

UNA DECLARACIÓN SORPRENDENTE. INFORME POLICIAL Y OTROS DOCUMENTOS

Me sorprende y entristece mucho el motivo por el que hoy estoy aquí. Conocí a Marcelo en la universidad, aunque no recuerdo muy bien por qué empezamos a hablar; hace ya muchos años. Ambos estudiábamos Matemáticas, pero él era un poco mayor que yo y ya había estudiado Física. Ahora que lo pienso, nunca supe de qué vivía; su madre no trabajaba, su padre murió tiempo atrás y él se dedicaba a los estudios, la música y la lectura. Recuerdo que, de entre todos mis amigos, Marcelo era el que más curiosidad me producía. Siempre estaba en su mundo, resolviendo acertijos y enigmas, intentando encontrar una respuesta para todo. Sin embargo, aunque pasábamos mucho tiempo juntos, nunca sentí tener la confianza suficiente con él; algo me decía que, en su interior, había otro Marcelo que nadie jamás había conocido, un Marcelo que a mí me daba miedo conocer. Quizá hubo un momento en el que sí que fui cercana a él. Antes de aquél incidente, solíamos pasar mucho tiempo juntos; incuso íbamos a su p...